martes, 11 de noviembre de 2008

CADA DOS HORAS, UN ENTRETIEMPO

Locos x el Fútbol en pleno fervor virtual.


8 x 5 = 40, TE ESPERO EN EL BAR DONDE DAN EL PARTIDO

Los contornos comerciales, costumbristas y hasta folclóricos a que todo esto ha dado lugar también tiene su miga. Como no podía ser de otra manera se destaca Locos X el Fútbol, en plena Recoleta, Vicente López 2100 casi esquina Uriburu, entre cenizas y bóvedas ilustres y lo más fashion del sector, a la altura donde remodelaron el bulevar convirtiéndole prácticamente en plazoletas, veredas amplias para terrazas, cabeza de una cadena de la que es propietaria TyC. También en Caballito y otros sitios apropiados. Para coronarla, la cadena tiene su anclaje en la vieja Europa. La atención está a cargo de unas beldades con pantaloncitos de fútbol infartantes, muy ajustados, a punto de reventar las costuras, camisetas de todos los clubes, todas con el N° 10 en la espalda, claro, y los días de codificado la consumición mínima y obligatoria unos 8 dólares por barba, según la cotización del día de la fecha, por una hamburguesa y un vaso parafinado de gaseosa, y cuando finaliza el encuentro, se terminó el turno y que pase el que sigue, nada del café metafísico a la antigua como alternativa de la casa propia o de las apretadas piezas de las pensiones.

Las paredes principales del fondo tienen paneles de monitores seriados que configuran dos pantallas gigantes y en los días de jornadas arduas los ex dueños del país pasados a mejor vida ven alterado el sueño eterno por los gritos de gol. Más que obvio, la clientela es selecta y en las conversaciones informales, ya que ni pensar con un periodismo light encarar un chequeo a fondo, la clientela es diferente de movida a la futbolera típica. Con un agregado que no hay que perder de vista, dadas las transformaciones de la Segunda Década Infame: no hace mucho que esos ejemplares dejaron de ser diferentes y les quedan rémoras varias de la alcurnia suburbana, disimulada con ostentación de poder adquisitivo, motocicletas del tamaño de un portaviones que producen un estrépito digno de un ataque nuclear y camionetas todoterreno para los más menesterosos. La ideología reinante, exaltada hasta el paroxismo, es que en el terreno varonil son todos gerentes de algo y empresarios no se entiende muy bien de qué, pero aunque no pueden olvidar su pasado de rioba y hasta son capaces de pucherear en el recuerdo de aquellos presupuestos tan esmirriados. Las escuálidas chicas que los acompañan, prolijamente cuidadas, no son tan exhibicionistas en cuanto a sacar a relucir la prosapia de los árboles sociológicos pero al menor descuido, entre una catilinaria de cursilerías, se descosen abruptamente con una guasada que tampoco deja a dudas de dónde son los cantares bien recientes.

Obviamente más locuaces, ellos, cuando se les saca el tema, el motivo de ir a ahí es el confort, la cercanía geográfica y lo que genéricamente es llamada seguridad y muchas veces no se sabe qué se quiere decir, aunque en este caso alude a robos de pasacasetes, rayados de los vehículos, evitar los intensos sobajeos cuerpo a cuerpo, face to face, para conseguir entradas, así sean plateas caras, escaleras donde se zapatea en el más puro orín, malos tratos de todo tipo. En fin, un estresamiento al cuete y de todos modos, aunque no se la explicite con todas las letras, degradación social aunque sea part time. Y en una vida que han decidido vivir a mil, el factor tiempo: allí se llega diez minutos antes del partido y uno se puede retirar con el primero de los tres fatídicos pitazos finales. El ritual futbolero normal, cara al viento en la cancha, demanda casi toda la tarde, cuando menos.

Tanto los festejos como los lamentos, también los comentarios, son mesurados, sonrientes, no rompen en ningún momento la buena onda, algo que está considerado dentro de las cábalas y el ritual seguido al pie de la letra. Lo que sí los enfervoriza y hasta puede llevarlos al paroxismo son las presentaciones de la selección argentina, particularmente contra Brasil. Llegan hasta ponerse la casaca nacional, vinchas, alguna corneta y plumeritos blanquicelestes. Si hay triunfos, agregarse a la eufórica caravana de los bocinazos que tiene siempre el mismo circuito y termina con la vuelta olímpica virtual al Obelisco. Les recrudece el fervor nacional de lo estentóreo aunque en la vestimenta no tengan nada Industria Argentina y para el veraneo lo más cerca a que aspiran sea Punta del Este y se desviven por Miami. Es más: los que han intentado la aventura de vivir allí para tratar de despegar en grande cuentan con una sonrisa que la saudade era de tal magnitud que todos los argentinos se reunían en los muchos lugares para argentinos, veían el partido y ahí sí festejaban y sentían a lo loco. Es más, en un caso de inusitada sinceridad, se afirmó sin remilgos que aunque pudiera parecer extraño, nunca se había sentido tan argentino con esa ocasión, lejos de la tierra, con una banderita, viendo a la selección por la tele.

ES LO MISMO PERO DE OTRA MANERA, ¿VISTES?

Mucho más recomendable que apelar a las hojas de diarios o revistas.

¿YO? ARGENTINO HASTA LA PAUSA PUBLICITARIA, MACHO

Y, no: no parece tan extraño. El patriotismo, sobre todo el argentino, está tan expuesto a la virtualidad como todo. Máxime cuando estas expresiones chovinistas tienen esa exhuberancia emocional, itálica, efervescente, desmedida, que deja siempre toda la sensación de además de querer convencer a los otros de la magnificencia de lo sentido, somos más nosotros mismos los que tratamos de autoconvencernos que es cierto y que estamos sintiendo eso. Como la muletilla que en estos casos se ha puesto de moda, cosa de darles pasto a los psicoanalistas: “De verdad te lo digo de onda, no te estoy cameleando.”

En su gran mayoría, completando el cuadro, son de Boca y los menos se permiten el lujo de ser de River aunque hay algo que no les termina de cuajar, sobre todo por esa fama de millonarios y oligarcas. Los que por pecado de origen arrastran simpatías por clubes chicos no lo confiesan o sonríen pidiendo piedad por anticipado. En la Argentina del no llores por mí toda minoría siempre será sospechosa de anomalías de algún tipo. Lo que también merece destacarse en la conducta corporal en los festejos: todos los saltos, braceos y coreografías mínimas forman parte de la monocorde coreografía tribal de las barras bravas y con exultante placer, mientras que si la cosa deriva para lo musical, lógicamente se impone lo rítmico, fundamentalmente brasileño y tropical cumbiero, cuando no hasta algunos arrestos murgueros.

En Avenida La Plata al 2000, esquina Santander, a una cuadra de esa ignominia clavada en el alma que tiene San Lorenzo de Almagro, más conocido por el misterio de Los Gauchos de Boedo, como es el megamercado Carrrefour ocupando por los siglos de los siglos el predio del sagrado Gasómetro, una de las facciones internas eternamente opositora ha alquilado un local y habilitado una pantalla gigante con servicios de Bar/Resto muy pero muy fast, sin muchos esmeros. El precio para hacerse de una silla es de 5 dólares por asentadera y las bebidas y sánguches, ni tan frías ni tan recomendables, guardan un precio acorde. Todo es acorde. Muy difícil en las dos horas promedio que se puede estar distinguir alguna otra palabra que no sea un boludo dicho con la más increíble variedad de entonaciones y significados. Los diálogos son gritos imperativos que se superponen. Es directamente una tribuna plana.

El emplazamiento ha sido detectado por barras e hinchadas varias, particularmente la de Huracán, y el paso ocasional en micros, incluso en micros de línea, genera por lo menos cruces de insultos furiosos, desafíos y más de un piedrazo, corridas y otros rubros de práctica sin que hasta ahora haya pasado a mayores.

¡MOZO! UN CORNER CON CREMA, POR FAVOR


UN FUTURO ARRASADOR

Los tradicionales bares y cafés de barrio son los que hasta cierto punto han sufrido más el impacto de esta transmutación. Si no perdieron la vieja clientela, las nuevas avalanchas, beneficiosas a la hora de hacer el arqueo diario de caja, convirtieron en tiempo muerto de tradición lo que era un estilo de vida. Se insiste que en ningún momento llevando a cabo un muestreo mínimamente sistemático, dueños y mozos coincidieron en que la pauperización de los sectores medios bajos y bajos directamente, sin eufemismos ni atenuantes, constituyen el grueso de esta nueva clientela que cuando mucho camina media docena de cuadras y por el dólar a que mínimamente está un cafecito así tira toda la tarde dominguera en la más amplia acepción polisémica, encima con los dos partidos más destacados de la jornada. Si además son aquellos donde juegan los colores de sus amores, cartón lleno. Para los clásicos, finales o partidos decisivos de campeonato, llegar temprano o directamente se ha abierto un sistema de reservas anticipadas.

De acuerdo a la barriada, por supuesto, pero en general los precios son mantenidos igual, haya o no haya partidos, sean o no por codificado. En no pocos, cuando aparecen más aspiraciones en las instalaciones, manteles, aire acondicionado, los diarios del día y demás, incluso en las listas impresas con los precios aparecen las dos columnas de la consumición común, a la antigua, y la futbolizada. Un ejemplo categórico al respecto es el Restó-Bar Santana, en 3 y 40, justo frente a la terminal de micros de Villa Gesell. En la puerta de entrada, vidrieras y colgando de cada televisor, confeccionado con una PC común y una impresora más común todavía, sin grandes despliegues de diseño gráfico, se anuncia que los días de partido la consumición mínima es de 3 dólares, así sea el consabido y popular cafecito. “Más en temporada o en minivacaciones”, explicó el dueño sin tapujos, “viene que te juegan un River y Boca, por un decir, y esto se convierte en una cancha donde recaudás menos que un día de semana común, en invierno. ¿Dónde está mi negocio?”

Hay alguna particularidad a resaltar. Salvo aquellos lugares en que se han hecho habitués de grupos bien identificados, que se conocen entre sí y hacen barra para los diferentes clubes grandes, por lo común el hincha virtual de fútbol por cable en un café es un tremendo solitario hasta capaz de avenirse a alguna relación circunstancial centrada en el tema. Se ha convertido en una variante reprocesada, reciclada por el desvastador modernismo, de aquel legendario hombre que estaba solo y esperaba, de Raúl Scalabrini Ortiz, tan entonces como ahora, sin saber muy bien qué y con el riesgo de no llegar a averiguarlo nunca qué es lo que aguarda porque ahora los partidos, aunque tengan alargue y penales, duran poquito más de noventa minutos.

Los cafés de Buenos Aires, que tienen la particularidad de ser una verdadera institución social para entretejer relaciones de todo tipo donde aleatoriamente se practica el comercio, son lugares a los que se va a hacer cualquier cosa menos a tomar un café. Amoríos, asaltos, desengaños, poemas, primeras, segundas y últimas citas de amor; divorcios, confesiones, casamientos, golpes de estado, estafas, oficinas al paso, negocios fabulosos y fulminantes que nos alejarán de por vida del yugo de trabajar, bufetes de abogados de cuarta, cruceros fabulosos por el Caribe que no llegan ni a un asado en el Delta, millones de horas/charla al cuete despuntado el vicio de descifrar la vida, delirios y mucho más, pero el café no pasa de ser, a lo sumo, una excusa para todo lo otro. Y ahora se le ha agregado lo de ir a ver los partidos por codificado. Con otra variante que por lo menos no se puede dejar de anotar: la vieja guardia, la fundamentalista del café como lugar de recogimiento y filosofía al paso, mechado con Muro de los Lamentos, ha abandonada indignada los emplazamientos que cedieron a las tentaciones del marketing y trizan el sacrosanto silencio, que cuando mucho era alterado por una radio con tangos a medio volumen, con ese ulular de primates, aseveraciones entreveradas que suenan a cosa juzgada, sentencias de muerte y últimos designios.

En el Gran Buenos Aires, sobre todo en las barriadas más pobres y sumergidas, de movida se hace muy difícil ubicar al comercio por rubro y establecer diferencias tajantes como confitería, bar, café, maxikiosco, almacén, venta de bebidas de todo tipo para tomar en la puerta. Por lo tanto, lo mismo ocurre con la virtualidad de estos nuevos contingentes de hinchas que se han agregado masivamente, porque es donde más se siente el impacto. Preguntar el motivo bordea lo ocioso y necio. La crisis económica los ha acostado en todos los terrenos y es la única forma que tienen de espiar por el ojo de la cerradura al fútbol de alta competitividad, principalmente al porteño, que la instalación de la red de tevé por cable ha abulonado definitivamente como paradigma de lo nacional. Son los que los sábados han engrosado las barras bravas y el público en general de los clubes barriales que militan hasta en la D y de pronto se encontraron con esta novísima adscripción, que por otro lado es la primera y verdadera, sin intermediaciones de ninguna otra especie, también tiene sus encantos.

Pero eso sucede los sábados y, salvo excepciones, siempre de locales. Los domingos, para ver fútbol del grande, hay que ir al boliche, genérico que denomina a la más amplia gama de comercios, incomodidades, dudosa limpieza como estados de los sanitarios y gama de rubros. Lo que corre en cantidad es la cerveza, en menos proporción el vino en cartón, fraccionado en vasos, y donde también menudean más los incidentes. Por último están las citas masivas, siempre fundamentalmente en torno a la selección o más ruidosamente Boca Juniors, en finales lejanas por cualquier torneo reputado y a los horarios más exóticos, ni qué hablar los superclásicos. Acá, en estos casos, mucho más sin rastreos sistemáticos, se hace difícil establecer una diferencia importante: el porcentaje de los que van por restricciones económicas y los de lo que lo hacen para aunque sea de ese modo, con el infaltable como si de lo lúdico, recrear virtualmente por un cachito el clima de cancha, estar con los iguales, sufrir y gozar y con ellos.

Puede tomarse, si se quiere, como paradojal que mientras el acontecimiento en sí, el objeto de atracción es exhibido a través de un medio virtual y remoto, en los límites de una pantalla con rayos catódicos por más que ahora algunas sean de considerable tamaño, el espacio físico para este nuevo espectador resulta notablemente reducido, aun cuando se lo compare con las canchitas más chicas, y pasa a convertirse en un escenario real para que estos novísimos protagonistas secundarios diriman el conflicto cuando éste excede lo ritual y simbólico del juego en lo que se ha dado en llamar el otro partido (el de las tribunas) o el otro campeonato, donde la crueldad reemplaza a las habilidades de la motricidad fina en el manejo de la pelota, a criterio del sociólogo Antonio Roversi, de la Universidad de Módena.

ASI EN EL CIELO COMO EN LA TEVE

¿Este tipo no estará en orsai? A ver, mandá un TeleBeam...

EL OTRO PAIS EN EL PATIO TRASERO

En nuestro país, en los restos que todavía van quedando de él, lo anterior trae sus hijuelas. El tendido ferroviario implantado por el colonialismo inglés fue la infraestructura para el desarrollo y difusión del fútbol. Tal tramado se trató, al igual que el mapa rutero, en una convergencia radial sobre el Puerto Ombligo por el que a diario se iban las riquezas primarias de la tierra, tanto en forma de cereales como de medias reses congeladas o corned beef, a cambio del retorno siempre transoceánico de productos manufacturados. La nueva red virtual de tevé por cable, por añadidura, no ha hecho más que mostrar que esa infraestructura permanece intacta por más que los trenes hace rato hayan dejado de circular y los rieles se hayan oxidado y que lo analizado en un excelente trabajo que se citará luego en extenso y muy en particular, los arquetipos masculinos argentinos populares permanecen encaramados sobre ese modelo agrario. Dicho de otro modo, todo sigue yendo y saliendo por Buenos Aires y desde aquí el reflujo de algún nuevo arquetipo, modelos y emblemas no ha cesado.

Los equipos porteños siguen siendo los equipos nacionales por excelencia y matar o morir por una adhesión situada, por ejemplo, a 500 kilómetros de distancia, es mucho más válido que tratar de mostrar alguna reacción ante el evisceramiento sistemático del país, no importa si por la dichosa privatización de los servicios que eran estatales o la entrega directa de riquezas, grandes extensiones de tierras y también reservas naturales a mansalva. Esto se enlaza con la exhuberancia del fervor patriótico virtual en Buenos Aires luego de los triunfos de la selección por tevé, que en última instancia es para sí mismos porque cuando mucho tiene como destinatario a otra cámara, como la de los móviles de los canales en vivo, pero donde los exultantes no tienen ni los cordones de las zapatillas sport de marca fabricados en la Argentina.

Al autor de esta bitácora le consta personalmente de este fenómeno en los Valles Calchaquíes, la capital de Tucumán y durante el largo trayecto de la capital salteña a la frontera con Bolivia, en Salvador Mazza, luego de recorrer el Jujuy azucarero y papelero, más la Salta tropical, petrolera, bananera y cafetera. Son cientos los estadios virtuales rebosantes en estaciones de servicio a la vera de la ruta, bares, confiterías, restoranes y aún precarias parrillas bajo una enramada. El precio de la entrada, amén de la consumición obligatoria, varía entre los 2 y 4 dólares.

ALIENACIONES ERAN LAS DE ANTES

¡Esto sí que es Primer Mundo! En un turno te podés echar dos o tres goles si te da el cuero.

“LA CLASE OBRERA NO VA AL PARAISO”

Por supuesto que lo anterior está muy lejos de trillar ese pobre caballito de batalla que durante los primeros años del siglo XX censuró ferozmente al fútbol como escafandra, venda o chupete de los más desposeídos e incultos para disfrazarle la realidad y distraerlos un rato de su ineluctable destino revolucionario hacia una sociedad sin clases sociales. Hoy más que nunca, por suerte, lo que en el último tiempo han avanzado las ciencias sociales sobre los deportes, en particular el fútbol, tienden a demostrar exactamente lo contrario. Justamente la imposibilidad de la contención y representación simbólica y efectiva de los conflictos más profundos es una de las causas que hace brotar la violencia explícita. Hay mayor tensión y violencia en una tribuna que en una fábrica a punto de cerrar para siempre. Por el contrario, si se lo toma al fútbol como el espacio más apto para dramatizar lo cotidiano actual, como ha dejado sentado el antropólogo paulista Roberto DaMatta, la tiranía de los hechos incluye a grupos organizados, profesionales, que ejercen la violencia y producen la muerte como parte del espectáculo general. ¿Dónde está la supuesta alienación planteada a principios de siglo y en los primeros años posteriores a la revolución bolchevique? En medio de la exclusión y marginalidad masivas, como un rebrote de conductas infantiles regresivas, el ocio social se muestra para el Poder mucho más peligroso que la ocupación plena con asambleas sindicales a diario. La dichosa oquedad masiva y el aburrimiento son los verdaderos detonantes, como puntualizó el ya citado Verdú.

Y con espoletas retardatarias, para colmo.

Tras lo anterior, que es incontrastable, es que puede empezar a sospecharse que se debe diferenciar a este nuevo fenómeno, con sus medios y espacios propios, capaces también de producir muerte, en la medida en que los avances tecnológicos han servido para difundir modos y modelos de vida sólo modernosos y diferentes apenas en el envase, para estar bien a la page de la sociedad posmodernista, porque la infraestructura del conflicto se obstina en parecerse a los que teníamos en los albores de una nacionalidad siempre a los tumbos e incierta, más bien difusa.

DEL FAROL AL TABLON, UN SOLO CORAZON

Una pinturita, varón. Viene hasta con el zapping intergaláctico. ¿No lo ves o sos ciego, Mr. Magoo?

“VEAN, VEAN QUÉ LOCURA;/ VEAN, VEAN QUE EMOCIÓN…”
Los festejos de ese segundo título mundial logrado por la blanquiceleste, acabado el partido con (la todavía) Alemania Federal, en México ’86, dejó un saldo de dos jóvenes muertos, uno en los deslindes capitalinos de Villa Lugano, el otro en territorio bonaerense, cerca del límite con Santa Fe, aparentemente como consecuencia de ocasionales francotiradores. Al finalizar el siglo pasado la acumulación alcanzada con este tipo de victimización alcanzaba a 14, un 6,5% del total de las víctimas fatales de la violencia futbolera organizada que surgió a fines de los '50 como consecuencia directa de la industrialización del espectáculo deportivo. Y la modalidad ha continuado, como se verá enseguida.

Aunque aquí también lo surtido del anecdotario va de la mano con la riqueza de elementos en cada hecho, ni siguiera se puede abrigar la esperanza de dar un esbozo de cada uno, tal la complejidad enmarañada de la arboladura con que están constituidos. Sí hay que destacar, además de las no pocas muertes que ya ha suscitado, el valor agregado de escándalos y desmanes que desata, sobre todo y casi exclusivamente, cada River-Boca, hasta en los lugares más distantes, donde cualquiera que sea el resultado del encuentro, la representación local de cada uno, que lo que ha visto gracias al milagro electrónico de la tevé por cable, salen a la calle a darse entre ellos o directamente romper lo que encuentran. Los epicentros con hechos de mayor envergadura son Mar del Plata, Neuquén, Mendoza y Rosario, presentes en primera fila en casi todas las ocasiones.

Este desparramo, más que nacionalización del antagonismo futbolero argentino por excelencia, nunca analizado y que en su momento merecerá un tratamiento aparte, a pesar de la frugalidad constante de los medios y otras limitaciones, tiene una ancla muy importante en un excelente trabajo realizado sobre el contrapunto lingüístico del discurso borgiano en torno a un arquetipo nacional como fue el compadrito y el del uruguayo Borocotó, en El Gráfico, sobre el otro arquetipo que aparece de la mano de la clase media y sus plumas más inspiradas en la crónica deportiva de entonces, obligadamente multimedia por el nivel de las comunicaciones existentes, y que es el hincha futbolero, según la prolija revisión hecha durante un año sabático por Eduardo Archetti. Como producto genuino de estas dos especies se dibuja, se decanta, surge el barrabrava, ahora sí, como prototipo de la neobarbarie civilizada a la que estamos asistiendo y disfrutando como cotillón de la vida cotidiana. Desgraciadamente fallecido en forma muy prematura, aunque no se conozca muerte que sea tardía, cuando todavía braceaba contra las negativas y esquivadas a publicarle el trabajo mencionado, en una charla informal con el autor de esta bitácora después de haber leído el borrador, se concluyó en un total acuerdo sobre ese análisis y que elaborar una conclusión era una asignatura pendiente en la materia.

A una de las principales conclusiones a las que se puede arribar para explicar este expansionismo futbolero, este neocolonismo de entrecasa a cargo del Puerto Ombligo que también se manifiesta en aberraciones como las dispuestas por el CONFER y donde se prohíbe a los locutores no hablar con otra tonada que no sea la de un porteño híbrido, jamás las que campean naturalmente en cada región, de la Santa María del Buen Ayre como capital de la República de la Pampa Húmeda, según la feliz nomenclatura aplicada por Archetti, oriundo de Santiago del Estero, consistiría en la persistencia, como sustento, de un modelo agrario que no ha desaparecido y que el fútbol tanto resucita como mantiene indeleble, si se sigue de cerca al español Verdú en sus planteos. Además, aunque en el mencionado trabajo del sociólogo y antropólogo santiagueño radicado en Europa desde fines de los ‘60 no se explicite porque no era el motivo del asunto, es el fútbol el que se encarga de revivir y mantener la lozanía que hace persistir intactas las estructuras dejadas por el colonialismo español, luego abulonadas por el trazado ferroviario del colonialismo inglés a su turno, sobre el que justamente nació, creció y se desarrolló el fútbol que después, recién después, será primero criollo con La Academia racinguista de principios del siglo XX, significando en los hechos todo lo contrario a lo british, como se encargó de enfatizar el propio Archetti en ese trabajo, y recién después argentino. Ya algunas veces nos hemos ocupado en destacar la saña y darle una interpretación a tanta ferocidad de las barras contra los trenes: en este medio de transporte, por lo menos sus padres, cuando no ellos mismos, se vieron obligados a dejar el pago natal con la esperanza o la desesperación de encontrar en la megápolis una luz de esperanza para un mejor futuro o por lo menos un techo y un poco de pan. También el que en gran medida los trasladaba desde el conurbano en épocas de bonanzas y en el que mayoritariamente se han desplazado en las cruzadas futboleras a seguir los colores queridos. ¿Se ha cumplido por lo menos en parte esa ilusión, aunque sea en el clon futbolero? En todo caso, los trenes, por anchas o por mangas, siguen siendo el blanco preferido tanto de barras bravas como de espontáneas asonadas populares.
Una digresión que hace al caso, imposible de soslayar por la envergadura que tiene, proviene de la ex URSS. Según despachos especiales de la agencia ANSA durante la perestroika, en los años de hierro jamás había habido semejantes despliegues represivos de uniformados cuando el Dínamo de Moscú iba a jugar a la entonces Leningrado, cuando el de Kiev tenía que llegarse hasta Moscú para vérselas con el Spartak, no importa si moscovita o el ahora otra vez sanpeterburguense, ya sea yendo o de vuelta. En ese entonces la lectura fácil y a mano era que esos equipos representaban al CC del PCURSS, al KGB, a los sindicatos, a la Juventud Comunista, etc., y que las mayorías encontraban un canal de protesta para abollarse la humanidad entre ellas y de paso darle a algún que otro uniformado del régimen. Pero héte aquí que los fajos de dólares, aparte de tumbar el Muro de Berlín, dieron por tierra con las estatuas de Lenín y otros íconos en menos de lo que canta un gallo, esos equipos tuvieron otros mandamases y patrones, importando hasta jugadores argentinos de manera dispensiosa como buenos nuevos ricos, y sin embargo los tortazos, piedras, trompadas, desmanes y otras delicadezas estuvieron lejos de disminuir, menos que menos de desaparecer. Por debajo de los revoltijos, como en el cuento Continuidad de los parques, de Julio Cortázar, emergió el trazado claro de los feudos de la época zarista, la Casa de los Romanov que el acorazado Potemkin, los diez días que conmovieron al mundo, la perrita Laika y demás nunca habían podido hacer desaparecer.
La honda infraestructura feudal y su representación simbólica, el fútbol, habían ganado cómodos con sólo perdurar, aunque cambiaran de camiseta, valga la pobre metáfora.
Y por goleada. Karl Marx quizá lo hubiera llamado el peso muerto de la historia. Ahora, no se encuentran motivos valederos a la vista, aunque se trate que obviamente tenga sus peculiaridades, que en Argentina esté suciendo otro tanto.

¿EN QUE QUEDAMOS? ¿HISTORIA O PORVENIR?

Locos x el Fútbol en su sucursal madrileña. Se acabaron las fronteras.

EL VACIAMIENTO, LA BRONCA Y LOS DESMANES VIAJAN EN TREN

Todo eso hace tiempo que se hizo más o menos trizas. ¿Por qué no hacer añicos o prenderle fuego al sostén físico que fue el encargado de consagrar definitivamente el destierro o autoexilio en la propia patria? Ahora posiblemente sea el momento de poner en la pantalla tan virtual como Internet, vaya la paradoja, la cita textual y completa del autor al que más arriba se hizo referencia de manera repetida en el que quizá sea, desde el punto de vista teórico, su aporte de mayor envergadura entre los muchos que hizo:


Borocotó y Borges participan, cada uno a su manera y en su ámbito literario específico, del debate sobre lo nacional y popular. Aceptan que lo nacional tiene que ver con la pampa y con una cierta zona de la ciudad de Buenos Aires. Desde esta perspectiva el territorio de lo nacional aparece circunscrito a Buenos Aires y sus alrededores, o sea la pampa húmeda, ya que Buenos Aires puede ser correctamente concebida como la capital de la pampa húmeda (y sólo posteriormente del país). El mundo social del tango y del fútbol va a definir desde la perspectiva de lo popular campos culturales desde donde el mundo masculino producirá sus imágenes, sus ritos y sus héroes. Los grandes clubes de fútbol de Buenos Aires han de convertirse en clubes nacionales, y esto a pesar de la tradición futbolística de las ciudades de Rosario y La Plata. Un club grande de Buenos Aires, Boca Juniors o River Plate, pertenece a la Nación, es una suerte de patrimonio nacional, mientras que los clubes importantes de otras ciudades, Rosario Central o Estudiantes de La Plata, serán percibidos como clubes de provincia. Es altamente probable y deseable ser hincha de River Plate y vivir en La Quiaca. Mucho más raro será encontrar un hincha de Rosario Central, no nacido en Rosario y sin padres rosarinos, en Ushuaia.

Mientras con algún candor excesivo que engrosa la mayoría, junto con otros, porque tienen intereses creados, pero se ha logrado instalar la falsedad en torno a que la Hi Tech, particularmente la proveniente de la microelectrónica, es el futuro por excelencia y a secas. No. Si hay algo maravilloso en estos instrumentos es cómo permite rescatar al pasado, a la historia, de manera que en otros tiempos, hace apenas unos años, hubiera sido una tarea agotadora, tediosa, antieconómica y por lo tanto considerada inútil. El fútbol por cable ha resucitado (si es que alguna vez murió) a la Gran Aduana que es Buenos Aires y la falsedad de la ilusión federalista, muy anterior a la virtualidad microelectrónica, que se concreta en un unitarismo que es más un cuello de botella y lejos de tender a una cultura nacional más o menos homogénea, galvaniza de una manera curiosa, retorcida, la hipótesis de un socialista acerca de los cuatro países de principios del siglo XX, como ha dejado señalado el positivista José Ingenieros en la única versión socialista de los albores de la historia argentina.

Otra prueba al canto: la tevé por cable ha expandido como un lanzallamas la exhibición puntillosa de la violencia explícita y directa que el ritualismo futbolero ya no puede contener ni expresar más dentro de los límites de cal de un campo de juego. Un panorama poco auspicioso, más bien, máxime cuando está en discusión que una de las cualidades del violentismo es el contagio, un señalamiento hecho en un TXT ya clásico publicado por la Revista de Ciencias Sociales de la UNESCO en 1978 y perteneciente al francés Jean-Marie Domenach.